Gracias al esfuerzo de los talleres de Infraestructura e Inclusión Laboral, la escuela de Angaco suma nuevos recursos para mejorar su funcionamiento y apoyar a sus alumnos.
La Escuela Juan Eugenio de Mallea en Angaco ha recibido un valioso aporte del Servicio Penitenciario, gracias al trabajo realizado en los talleres de Infraestructura e Inclusión Laboral. Los alumnos de la institución educativa ahora cuentan con un atril y un mueble donados, que serán de gran utilidad tanto para los actos escolares como para almacenar útiles.
Este gesto solidario refleja cómo el trabajo de las personas privadas de la libertad alojadas en el servicio penitenciario va más allá de las paredes del establecimiento. Cada pieza producida en estos talleres no solo contribuye a la formación personal de los internos, sino que también se convierte en un recurso que beneficia a la comunidad.
Por su parte, la directora del establecimiento, Gabriela Flores dijo que “el mensaje es la importancia de trabajar en red y en conjunto teniendo contacto con el Servicio Penitenciario”. “Esta donación para nosotros es sumamente valiosa, son elementos elaborados por personas privadas de la libertad, tiene un valor significativo ya que demuestran que todo se puede” concluyó.
La donación se convierte en un símbolo de la colaboración y el compromiso mutuo entre el servicio penitenciario y la sociedad. En este caso, el esfuerzo de los talleres se traduce en una mejora tangible para la escuela y en una oportunidad para fortalecer los lazos comunitarios.
Además, esta iniciativa subraya la importancia de la inclusión laboral y la integración social. Al involucrar a las personas privadas de la libertad en proyectos que impactan positivamente en su entorno, se fomenta un sentido de propósito y pertenencia que es fundamental para su proceso de rehabilitación.